La llegada de Roque según mamá y papá ( mes y medio mas tarde)


       
                                                            A los ojos de mamá:

   Pues Roque no se hizo esperar mucho y al igual que su  hermano llegó al mundo en la semana 37 con la súper luna llena. El día 28 de octubre a las 3:45 pm nuestro pequeño larguito nos convirtió en las personas mas felices del mundo.
  Siempre pensé que cuando llegase el momento iba a estar nerviosa, o por lo menos mas nerviosa que en el parto de Iago. Por eso de dar a luz en otro país rodeada de gente que tan diferente a ti, expresándome en un idioma distinto al mío... bueno todo esto y sin fin de cosas mas, pero no fue así.  Estuve en todo momento tranquila y segura, mi unica preocupación era Iago. Sabía que estaba bien cuidado, pero sentía la necesidad de explicarle todo para que pudiese entender que, aunque faltase unos días de casa y al volver estuviese súper ocupada con un renacuajo que casi no me deja tiempo para nada mas, nadie le iba a robar su sitio.
 El domingo 27 me sentía muy cansada, con las manos y la cara raras e incluso diría que algo hinchadas. Nos fuimos a dominguear por el centro de Hong Kong, por la isla. Estuvimos desayunando de relax, de compras para Iago y Roque... Cerca del mediodía, cuando estábamos decidiendo donde comer, me empezaron unas contracciones que por momentos se volvían regulares por lo que nos asustamos un poco. Dani me sugirió volver para casa a descansar y ver que pasaba y yo, que soy poco de eso (descansar y esatar en casa,) ese día acepté encantada de la vida. En casa todo seguía igual, pero como me habían dicho que tenia que ir rápidamente al hospital porque necesitaban ponerme antibiótico al haber dado positivo en la prueba del estreptococo, decidimos ir, tras dejar a Iago dormido y avisar a nuestro amigo Rober para que se quedase con él.
En el hospital me miraron y no estaba nada dilatada pero decidieron dejarme ingresada de todos modos, así que Dani y yo nos pasamos la noche sentados en unas sillas charlando porque hasta ni tenia contracciones. A las 5 de la mañana le dije a Dani que lo mejor era que se fuese a casa y que preparase las cosas de Iago para el cole y que luego me fuese a buscar por que estaba segura de que me darian el alta por la mañana.
Me trajeron conggie para desayunar, no me gusta nada, es una especie de sopa de arroz así que llame a Dani para decirle que necesitaba que me trajese el desayuno. Y en esas estaba cuando pasó una   doctora para decirme que me iban a provocar el parto a lo largo de la mañana.
Suena mi teléfono:
¿Cómo quieres el café y qué tostadas?
No quiero nada, mejor vente que en unas horas vamos a conocer a Roque.
Y asi empezó todo: a las 12 me subieron a la sala. Mientras Dani se cambiaba me rompieron la bolsa y a las 12:15 empezaron a ponerme oxitocina. Tenia mas que claro que quería pasar las contracciones en una pelota de pilates así que a las 12:30 ya estaba sentada en mi bendita pelota con mi maridin dándome masajes. Me preguntaron si quería la epidural ya, como pensaba que iba a ser un parto larguísimo no la quise en ese primer momento. a la hora y media o dos horas primer tacto...2 cm . Eso me hizó confirmar mi teoría de que la cosa iba para largo pero las contracciones eran súper llevaderas e incluso estaba de acuerdo cada vez que me preguntaban si aumentaban oxoticina.
Esta ultima subida de oxitocina trajo consigo contracciones muy muy muy frecuentes y dolorosas tanto que en media hora pasé de 2 cm a 10 . Cuando quise poner la epidural me dijeron que no daba ni tiempo a avisar al anestesista que lo que tocaba ahora !Qué sensaciones de dolor de algo nuevo! !Qué diferente era todo comparado con mi primer parto con epidural en el que no me había caído ni una lágrima...! En este creo que lágrimas no muchas,o es lo que recuerdo, pero chillar chillé con todas mis fuerzas. No lo podía controlar, tanto es así que al día siguiente tenía la garganta irritada.
Y llegó ese momento que no olvidaré nunca, ese instante en el que veo esa carita tan preciosa acompañado de una sensación de plenitud. Tras unos últimos momentos difíciles, ya está aquí. Lo pude hacer. Lo conseguimos.
Miraba para Dani, que no podía dejar de llorar y me sentía un poco mal por él, por toda la tensión que el pobre tuvo que soportar al verme a mi así, chillando como una loca. Él miraba a Roque, le tocaba, me miraba a mi y lloraba. Su siguiente reacción fue coger el móvil y llamar a casa. Iago estaba con Joemel, la chica que le cuida, pero fue él quien descolgó el teléfono y cuando papi le dijo que Roque había salido de la barriga se puso loco de contento a saltar.
Después de hora y media que pasó rapidísimo haciendo piel con piel llegó el momento de bajar para la habitación y de que se llevasen al bebe para hacerle un chequeo y bañarlo y ahí empezó la pesadilla  porque al rato apareció una enfermera para decirme que el bebe se quedaría en observación, que mientras lo bañaban habían descubierto una pequeña dificultad respiratoria. No me apetece ni hablar de lo duro que fue ese momento. Tras hacerle todas las pruebas de mundo e ir dando todas bien la conclusión fue que los pulmones de Roque aun no estaban lo suficientemente maduros y que no había expulsado todo el liquido al nacer pero que estaba completamente sano.

Y llego el dia de llegar a casa y hacer las presentaciones oficiales entre hermanos, Iago nos dejo gratamente sorprendidos, con su hermano es todo ternura, aunque como es normal tiene momentos de celos. !La vida le cambió mucho!
No os vamos a negar que el día a día no siempre es fácil, y prueba de ello es que tardamos mas de un mes en encontrar un hueco para dedicarle al blog, pero a pesar de la falta de sueño y ciertos momentos de caos puro, no podemos estar mas contentos.























A los ojos de papá...


Yo en el parto de Iago no estuve. Estaba allí, lo vi nacer, pero ni sufrí, ni me emocioné ni de lejos tanto como esta vez. Será que con Iago el último mes y medio de embarazo estuve lejos y no lo viví tanto, o será que al estar María con la epidural y casi de risas en la sala de parto, no fui consciente del atentado tan brutal a la física que supone un nacimiento.
El caso es que esta vez fue diferente. No el comienzo, porque igual que entonces, fuimos al hospital de noche y el trabajo de parto no empezó hasta la mañana siguiente y provocado. Yo después de pasar la noche en el pasillo, (aquí en HK no se puede estar en la habitación con la madre nada mas que en las estrictas horas de visita así que ella salía al pasillo conmigo) me fui a casa a dormir un rato y llevar a Iago al cole. Era muy importante para nosotros que desde el principio Iago sintiese que las cosas cambiaban lo menos posible, y aunque contratamos a una persona por lo que pudiese pasar esos días (sin familia cerca la logística a veces se complica) yo prefería hacerlo en persona como siempre para que él no se sintiese desplazado.
Volví al hospital y cuando pensaba que nos iríamos para casa porque Maria apenas tenía contracciones y aun esábamos en la semana 37, me llamó para decirme que le iban a provocar el parto.
Del hospital, solo podemos tener buenas palabras. La matrona que nos atendió nos ayudó en todo momento. Hasta trajo aceites aromáticos y se puso a darle masajes a María durante las contracciones!
Luego, todo pasó muy rápido. La oxitocina hizo su trabajo (de más diría yo) y en poco mas de media hora la dilatación estaba completa. Asumimos entre asustados y expectantes que la epidural, el  invento del siglo, no iba a ser nuestra aliada esta vez, y María comenzó a empujar.
Es difícil para el padre saber que pensar. Estás allí, la ves sufrir, y no eres capaz de ponerse en su piel para saber lo que piensa. Quieres ayudar pero la mayoría de las veces piensas que solo estorbas. Es una pelea en la que, asumámoslo, tú pintas poco. Dicen que hay un momento en que a la madre le cambia la voz, empieza a utilizar la otra parte del cerebro y no se le puede ni hablar porque no atiende a razones. Yo tengo muy claro cuando pasó: en el momento en que María, que ya llevaba chillando un rato, les empezó a hablar en español a las matronas, me quise hacer invisible. Y estoy seguro de que ellas, de haber podido, se hubiesen escondido de buena gana debajo de la camilla. !Acojona, en serio!
De ahí  al nacimiento de Roque pasó poco tiempo, no sé cuando porque es como si la noción del paso de los minutos quedase en suspenso. Casi no te acuerdas de respirar de lo concentrado que estàs. Y entonces nace. Y solo puedes mirarlo. Y mirarla a ella. Y admirarla. Y llorar. No sé si es alegría, emoción o simplemente la única forma de liberar una tensión que ha ido creciendo dentro, pero el caso es que lo único que me salía era llorar como un bobo.
Después, me dejaron cortar el cordón umbilical, lo pesaron, lo envolvieron en una manta rosa horrible y le pusieron un gorro amarillo mas feo aun. Pero igualmente estaba precioso. Al momento, una de las matronas sacó una cámara de fotos para inmortalizar el momento  como si estuviésemos en medio del looping de el Dragon Khan. Y es que claro, dando a luz en China, !la foto no podía faltar! Incluso en las clases pre parto (por cierto, una maravilla en el Queen Elizabeth) la matrona preguntó si alguien tenía pensado comprar una cámara o algún otro dispositivo nuevo específicamente para grabar el nacimiento, por aquello de que aprendieran bien el funcionamiento antes y no se tupieran en el peor momento... !y dos parejas levantaron la mano! Está claro, aquí sin foto, sin instagram y sin facebook no se vive.
Tras unos días en el hospital por un pequeño problemilla, nos fuimos para casa. Iago nos esperaba con 39 de fiebre y medio dormido pero aun así se alegró mucho de que Rocket, como él le llama, hubiese salido por fin de la barriga. !Por fin estábamos todos juntos!
Y en esas estamos. Acostumbrándonos a ser uno mas en la familia, a ceder todos un poquito de nuestro tiempo (que afortunadamente es bastante) y de nuestro espacio (no tanto por desgracia) y a disfrutar. Sobre todo a disfrutar de los momentos que tanto Roque como Iago nos dan cada día. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

y por qué no hoy?

Verano: la review (parte 1)

La paradoja del breast feeding